En nuestra cultura es muy común escuchar el famoso “pobrecito”, “pobrecita, es que se cayó” o “pobrecito, es que se enfermó”, “pobrecita, el esposo se fue”, etc…y andamos repartiendo esta palabra al que se nos atraviesa con alguna situación, como si fuera una identificación de nuestra empatía, y ahí es donde nos equivocamos.

La empatía, viene de la raíz griega que es «emocionado», y es la capacidad cognitiva de percibir lo que otro ser puede sentir. Es decir, podemos comprender, solidarizarnos, apoyar, dar palabras de aliento, ayudar, pero no “etiquetar”.

Y es que cuando decimos “pobrecito” etiquetamos a alguien, lo disminuimos y restamos su valor.

Les recuerdo que lo que nosotros somos, está muy por encima de si tenemos gripe, de si le dieron o no el ascenso que esperaba o del cambio de su estatus marital.

La etiqueta de “pobrecito” debería penalizarse exactamente igual como el parquear en línea amarilla, porque he visto muchas personas que se lo creen, se creen que son “pobrecitos”, por lo tanto, caminan por la vida con cara de “pobrecitos” y van a seguir en situaciones, relaciones, pensamientos y acciones que le permitan seguir recibiendo esa reafirmación de que definitivamente son unos “pobrecitos”.

Así que les propongo un cambio de mentalidad, vuélvase consiente de si es una persona que reparte esta palabra a diestra y siniestra, y cámbiela por: “te entiendo”, “¿en qué te puedo apoyar?, ¿estás resfriado? Lo lamento, en esta época es muy común, estoy seguro de que ahorita estás super bien”, ¿Querés hablar?, ¡con gusto te escucho!  Y escuchar significa, quedarse callado sin interrumpir mientras el otro habla y escuchar con el corazón.

Es decir, entregue su empatía con palabras de aliento, con comprensión, con escucha de lo que está viviendo la otra persona, con ayuda, guarde silencio si es necesario, pero no de palabras que hagan que el otro se lama sus heridas y caiga en la autocompasión.

La verdadera empatía se solidariza, no fomenta que el otro se quede en la misma situación, así que, si alguien le dice “pobrecito”, detenga esa falsa empatía y aclare que esa situación no lo define, su valor, lo que puede ser y lograr está por encima de esa palabra. De las gracias, pero diga que no lo es y que está seguro de que esa situación (cualquiera que sea) pasará, como todo en la vida.

 

“No olvides que, bueno o malo, esto también pasará”    Jorge Bucay

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